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Hace diez años y dos días fue mi 16 cumpleaños.

Le había pedido a mi padre el Final Fantasy VII como regalo. Tenía una idea muy vaga sobre lo que encontraría en el juego, apenas unos rasgos sobre su estética y trama, pero algo me decía que tenía que jugarlo.
Y mi padre regresó esa tarde con el Final Fantasy VIII que acababa de salir. Me quedé un momento dudosa con aquella caja en las manos. Le di la vuelta. En letras blancas ponía “Esta será la mejor experiencia de tu vida”.

—¿Lo devuelvo? —preguntó él.
Yo me mordí el labio.
—No —murmuré. Sentí calor en el pecho. Una especie de presentimiento—. Me lo quedo.
Y ya sólo con la introducción me quedé paralizada. Aquel “Liberi fatali” sonando entre unas olas CG que parecían tan reales que creía oler la sal, los pétalos flotando en un mar de hierba con Rinoa allí sola, a la espera, y al fin, Seifer y Squall, luz y oscuridad, los futuros caballeros de la bruja enfrentados en la batalla que los marcaría a ambos, literalmente, para siempre.

Después vinieron tantos personajes inolvidables y el calor que me provocaba necesidad de compartir mi pasión me llevó a encontrar un foro de fans de Final Fantasy (FFmaniacs) del que formé parte muy activa durante años. En este foro hice amigos importantísimos con lo que aún tengo un trato asiduo. Tuve además el privilegio de conocer allí al traductor a español del VIII, IX y X , al que pude consultar algunas dudas que tenía. Maechen, se llamaba en el foro.
Han pasado casi diez años de aquello y ayer, al hablar del lanzamiento del FF XIII con uno de aquellos amigos que hice en el foro, me quedé un momento sin aliento.

“Será la mejor experiencia de tu vida”, decía. Entonces sonaba pomposo, un anuncio exagerado y poco creíble, ahora solo puedo asentir. Cuando una obra de arte está bien hecha te remueve, te cambia. No eres el mismo cuando acabas de leer una gran novela o ver una película realmente buena, y tampoco eres el mismo cuando, tras la épica batalla final de un Final Fantasy llega el desenlace. Un final que se desea conocer, pero que al mismo tiempo deja con el vacío de la despedida de unos personajes y lugares que han marcado su huella para siempre.

Porque yo recorrí Balamb, Esthar y Galbadia. Surqué los cielos, el espacio, visité grutas llenas de peligros y castillos iluminados por una inmensa luna.
Después vinieron muchos otros FF (VII, IX, VI, X, XII) y cada uno lo disfruté de una manera muy especial. Todos fueron puertas hacia mundos inolvidables. Puertas que enlazaban de manera muy especial con mi deseo de toda la vida.
Desde muy pequeña quise ser escritora. Deseaba crear mundos nuevos llenos de magia y personajes que enraizaran en el imaginario de la gente, como otros escritores habían hecho conmigo. Pero, tras aquel primer Final Fantasy, mi anhelo viró un poco. Deseé ser guionista de Square, quería escribir mis propios Final Fantasy. Aquel sueño tenía poco futuro, pero aún así disfruté escribiendo junto a amigos que hice en aquel viejo foro, una historia que continuaba la de FF VIII.

Hace mucho que no escribo nada relacionado a FF. He regresado a mis propios universos, pero sin duda Final Fantasy, de manera consciente o inconsciente ha sido una influencia importante en mis escritos, tanto como los escritores a los que más admiro. Y es que uno no pude uno desprenderse de lo que le ha marcado.

¿Entonces cual es mi sueño?
Mi sueño es crear mundos tan sólidos y mágicos como los de Final Fantasy y que haya gente que se sienta tan inspirada y alentada con mis textos, como lo ha hecho esta saga conmigo.
Eso deseo. Eso y que siempre haya nuevos Final Fantasy que vivir, o al menos tener tiempo para desempolvar los viejos juegos y darme un revitalizante paseo por Esthar, Burmecia, Nibelheim, Figaro, Macalania, Bhujerba… Y ahora al fin, también por Cocoon.

Diez años de magia, diez años de sueños, diez años de amigos inolvidables que también sentían esa misma pasión.