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La verdad es que me enteré tarde de este proyecto y la sensación fue ambivalente. Me encantó “Prince of Persia: Las Arenas del Tiempo”, el juego de 2003 con el que empieza la “Tetralogía de las Arenas del Tiempo”. Me llamaba mucho la atención por su ambientación. La fantasía “orientalista” tiene un gran atractivo y el tema del tiempo me apasionaba. Tenía que probarlo.

Lamentablemente soy un tanto torpe con los juegos de plataformas, pero disfruté muchísimo con los saltos y los efectos de la propia daga. Y más aún con el príncipe diciéndome “Esperad, no fue eso lo que sucedió”, cada vez que fallaba, porque la historia la narra el propio protagonista, lo que lo ata aún más a “Las mil y una noches”. (Todo es un flashback hasta casi el desenlace.)

Pero hablemos de la película. Mi negatividad venía de que ya he visto en lo que han acabado muchas películas inspiradas en videojuegos y teniendo en cuenta el tipo de juego me esperaba un producto de acción y nada más. Y la verdad, me ha gustado.

No es una película que pase a la historia del arte, pero es un buen producto  de entretenimiento. Los decorados y vestuarios son preciosos, la acción cuidada y el guión introduce los suficientes elementos para encantar a los fans de los juegos. De hecho la trama recuerda en muchos momentos a la del juego de 2003, pese a claras alteraciones, en especial, el final, que viniendo de Disney no podía dejar de ser feliz.

Los actores principales no me han convencido aunque no acabo de ver el motivo, les falta credibilidad en el papel. Pero me ha gustado mucho el personaje del comerciante /organizador de carreras de avestruces, con sus guiños modernos a estrategias publicitarias y evasión de impuestos.

Como curiosidad, hay legos inspirados en las carreras de avestruces de esta película.

En definitiva, una película que se deja ver y que, al menos a mí, me da ganas de desempolvar el juego y ponerme a saltar por palacios de Persia mientras me persiguen soldados de arena. Aunque la verdad, también me ha hecho recordar a “Asassin´s Creed” en más de una ocasión. (Peleas por los tejados, atalayas, los propios asesinos…) Y ese  juego aún lo tengo sin terminar. Ah… Si fuese posible controlar el tiempo :)

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Hace diez años y dos días fue mi 16 cumpleaños.

Le había pedido a mi padre el Final Fantasy VII como regalo. Tenía una idea muy vaga sobre lo que encontraría en el juego, apenas unos rasgos sobre su estética y trama, pero algo me decía que tenía que jugarlo.
Y mi padre regresó esa tarde con el Final Fantasy VIII que acababa de salir. Me quedé un momento dudosa con aquella caja en las manos. Le di la vuelta. En letras blancas ponía “Esta será la mejor experiencia de tu vida”.

—¿Lo devuelvo? —preguntó él.
Yo me mordí el labio.
—No —murmuré. Sentí calor en el pecho. Una especie de presentimiento—. Me lo quedo.
Y ya sólo con la introducción me quedé paralizada. Aquel “Liberi fatali” sonando entre unas olas CG que parecían tan reales que creía oler la sal, los pétalos flotando en un mar de hierba con Rinoa allí sola, a la espera, y al fin, Seifer y Squall, luz y oscuridad, los futuros caballeros de la bruja enfrentados en la batalla que los marcaría a ambos, literalmente, para siempre.

Después vinieron tantos personajes inolvidables y el calor que me provocaba necesidad de compartir mi pasión me llevó a encontrar un foro de fans de Final Fantasy (FFmaniacs) del que formé parte muy activa durante años. En este foro hice amigos importantísimos con lo que aún tengo un trato asiduo. Tuve además el privilegio de conocer allí al traductor a español del VIII, IX y X , al que pude consultar algunas dudas que tenía. Maechen, se llamaba en el foro.
Han pasado casi diez años de aquello y ayer, al hablar del lanzamiento del FF XIII con uno de aquellos amigos que hice en el foro, me quedé un momento sin aliento.

“Será la mejor experiencia de tu vida”, decía. Entonces sonaba pomposo, un anuncio exagerado y poco creíble, ahora solo puedo asentir. Cuando una obra de arte está bien hecha te remueve, te cambia. No eres el mismo cuando acabas de leer una gran novela o ver una película realmente buena, y tampoco eres el mismo cuando, tras la épica batalla final de un Final Fantasy llega el desenlace. Un final que se desea conocer, pero que al mismo tiempo deja con el vacío de la despedida de unos personajes y lugares que han marcado su huella para siempre.

Porque yo recorrí Balamb, Esthar y Galbadia. Surqué los cielos, el espacio, visité grutas llenas de peligros y castillos iluminados por una inmensa luna.
Después vinieron muchos otros FF (VII, IX, VI, X, XII) y cada uno lo disfruté de una manera muy especial. Todos fueron puertas hacia mundos inolvidables. Puertas que enlazaban de manera muy especial con mi deseo de toda la vida.
Desde muy pequeña quise ser escritora. Deseaba crear mundos nuevos llenos de magia y personajes que enraizaran en el imaginario de la gente, como otros escritores habían hecho conmigo. Pero, tras aquel primer Final Fantasy, mi anhelo viró un poco. Deseé ser guionista de Square, quería escribir mis propios Final Fantasy. Aquel sueño tenía poco futuro, pero aún así disfruté escribiendo junto a amigos que hice en aquel viejo foro, una historia que continuaba la de FF VIII.

Hace mucho que no escribo nada relacionado a FF. He regresado a mis propios universos, pero sin duda Final Fantasy, de manera consciente o inconsciente ha sido una influencia importante en mis escritos, tanto como los escritores a los que más admiro. Y es que uno no pude uno desprenderse de lo que le ha marcado.

¿Entonces cual es mi sueño?
Mi sueño es crear mundos tan sólidos y mágicos como los de Final Fantasy y que haya gente que se sienta tan inspirada y alentada con mis textos, como lo ha hecho esta saga conmigo.
Eso deseo. Eso y que siempre haya nuevos Final Fantasy que vivir, o al menos tener tiempo para desempolvar los viejos juegos y darme un revitalizante paseo por Esthar, Burmecia, Nibelheim, Figaro, Macalania, Bhujerba… Y ahora al fin, también por Cocoon.

Diez años de magia, diez años de sueños, diez años de amigos inolvidables que también sentían esa misma pasión.